Catedrales
El Conde de Almaviva | August 4, 2006Al final del dÃa, todos somos ingenieros. Y, también, arquitectos. Y albañiles. Somos fanáticos constructores de catedrales que buscan tocar el cielo. Que quieren elevarse por encima de la que diseñó el de enfrente. Pero la imagen externa es la menos importante, aunque no deja de ser necesaria. Su interior está lleno de imágenes que adoramos; de columnas que abarcan diversos elementos figurativos que no dejamos de admirar; de rosetones, vitrales y altares que nos recuerdan algo o a alguien. Y digo que somos constructores de catedrales porque hemos realizado varias: una para la familia, otra para las relaciones amorosas, otra por ahà para el trabajo y una más para los amigos… asÃ, ad infinitum.
Imagina tu catedral familiar. Puede haber un personaje en el altar a quien veneras con gran fervor, sin estar peleado con otros altares laterales diseñados ex profeso para otras personas. Probablemente alguien te iluminó con tanta luz como para dedicarle un vitral o algún tipo de tragaluz. ¿Hay alguien pintado en el techo de tu catedral? ¿A quien le pides una oración y a cuál le dejas monedas en su limosnero? Ahora bien, la catedral laboral, ¿es más grande? ¿Más pequeña? ¿Tiene muchos espacios para sentarse o son pocos? ¿Las figuras alegóricas representan alguna chamba temporal? ¿A cuál podrÃas dedicarle la construcción? En dicho tenor, los amores y amorÃos también tienen la suya; hay amigos que volaron como querubines y otros que adornan las paredes con grandes figuras de madera.
Y lo más interesante no creo que serÃa conocer cual es la figura adorada (finalmente esa la ves desde lejos, desde antes de acercarte) sino cuál es la piedra angular. Aquella que está enterrada en los cimientos de la construcción pero que dejó una huella muy importante en tu vida. ¿Recuerdas cuál es la que está en cada una de tus catedrales?
Es chistoso, pero encontrarla es vivirla nuevamente y sonreir.






